El oro cae a mínimos de casi dos semanas ante nuevas apuestas por una suba de tasas en Estados Unidos
La cotización al contado retrocedió hasta aproximadamente €3.824 por onza después de que el nuevo intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán impulsara el petróleo y los rendimientos de los bonos. Aunque la tensión geopolítica suele favorecer a los activos de refugio, los inversores concentraron su atención en el impacto inflacionario de la energía y en la posibilidad de otra suba de tasas de la Reserva Federal.

El oro cayó el lunes hacia su nivel más bajo en casi dos semanas, debido a que la última escalada en Oriente Medio elevó los precios del petróleo y fortaleció las expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos aumente las tasas de interés en septiembre.
La cotización al contado descendió alrededor de un 0,5%, hasta aproximadamente €3.824 por onza, durante la rueda de Nueva York. Los futuros estadounidenses para entrega en diciembre bajaron un 1,1%, hasta cerca de €3.865 por onza.
El movimiento refleja las fuerzas contrapuestas que condicionan actualmente al mercado de metales preciosos. Una mayor tensión militar puede llevar a los inversores hacia el oro como activo defensivo, pero el consecuente encarecimiento de la energía también puede reactivar la inflación y obligar a los bancos centrales a mantener políticas monetarias restrictivas.
Durante la sesión del lunes prevaleció el segundo efecto.
El petróleo estadounidense superó los €73,70 por barril, mientras el Brent se aproximó a €77,90, después de que Estados Unidos e Irán intercambiaran ataques por primera vez en alrededor de un mes.
La confrontación incluyó acciones estadounidenses contra posiciones iraníes próximas al estrecho de Ormuz y posteriores ataques contra fuerzas norteamericanas en la región. Esa vía marítima mantiene un papel central en el mercado energético porque una proporción considerable del petróleo comercializado internacionalmente circula por ella.
Cualquier amenaza sobre la navegación o la producción puede, por lo tanto, provocar un aumento inmediato de las cotizaciones. El mayor costo del crudo puede trasladarse posteriormente al transporte, la industria y los precios al consumidor, dificultando el regreso de la inflación hacia los objetivos de los bancos centrales.
Ese mecanismo modificó la interpretación del riesgo geopolítico. En lugar de comprar oro únicamente como refugio, los inversores aumentaron sus expectativas de una política monetaria más restrictiva.
Los mercados de futuros asignaron una probabilidad superior al 60% a una suba de tasas de la Reserva Federal en septiembre, frente a alrededor del 36% antes de la última revisión de las expectativas.
El cambio se produjo después de las declaraciones del presidente de la Fed, Kevin Warsh, durante el simposio de Jackson Hole, donde indicó que podía ser necesario un nuevo ajuste si la inflación no regresaba de manera sostenible hacia la meta del banco central.
El aumento del petróleo proporcionó una razón adicional para considerar ese escenario. El rendimiento de los bonos estadounidenses a diez años se aproximó al 4,76%, mejorando el atractivo relativo de los activos que pagan intereses.
El oro no ofrece intereses ni dividendos. Cuando aumenta el rendimiento de los bonos, los inversores afrontan un mayor costo de oportunidad por mantener lingotes, especialmente si esperan que la política monetaria continúe siendo restrictiva durante más tiempo.
El efecto de las tasas superó a la moderada depreciación del dólar registrada durante la jornada. Una moneda estadounidense más débil suele beneficiar al oro porque abarata el metal para compradores que utilizan otras divisas, pero el movimiento no alcanzó para compensar el aumento de los rendimientos.
La caída no eliminó el sólido desempeño acumulado por el oro durante agosto. El metal ganó cerca de un 10% en el mes, encaminándose hacia su mejor resultado mensual desde enero.
Ese avance estuvo sostenido por las compras de los bancos centrales, la incertidumbre sobre la situación fiscal estadounidense, las anteriores expectativas de una política monetaria menos restrictiva y la demanda de protección frente a la pérdida de valor de las monedas.
El plan del Tesoro de Estados Unidos para ampliar las recompras de bonos también alimentó la denominada “operación contra la depreciación monetaria”: la búsqueda de activos escasos o alternativos por parte de inversores preocupados por el poder adquisitivo de largo plazo de las divisas convencionales.
El Tesoro y la Reserva Federal están enviando señales diferentes al mercado. Las medidas destinadas a mejorar la liquidez de los bonos y gestionar el financiamiento público pueden favorecer la demanda de oro, mientras que una política monetaria más restrictiva y los mayores rendimientos operan en la dirección contraria.
Esa tensión puede mantener elevada la volatilidad del metal durante septiembre.
La demanda estructural continúa presente. Los bancos centrales adquirieron una cifra récord de 289 toneladas de oro durante el segundo trimestre, mientras los responsables de administrar reservas prosiguieron con la diversificación respecto de las monedas tradicionales y la deuda soberana.
Una encuesta del Consejo Mundial del Oro publicada este año mostró que el 45% de los bancos centrales participantes esperaba aumentar sus reservas del metal. Las compras de las autoridades monetarias constituyen una fuente de demanda menos sensible a los movimientos de corto plazo de las tasas que los flujos de los inversores privados.
Otros metales preciosos también quedaron bajo presión el lunes. La plata retrocedió hasta aproximadamente €57,17 por onza, mientras el platino cayó alrededor de un 2% y el paladio perdió más de un 4%.
El descenso más pronunciado de los metales del grupo del platino refleja su mayor exposición a la demanda industrial. A diferencia del oro, sus cotizaciones dependen en buena medida de las perspectivas para la producción automotriz, la actividad manufacturera y el crecimiento mundial.
El shock energético también alcanzó a los mercados europeos. El STOXX Europe 600 bajó un 0,6% y el DAX alemán perdió un 1,2%, después de que la inflación de Alemania aumentara al 2,9% en agosto, parcialmente por los mayores costos energéticos.
Los rendimientos de los bonos europeos subieron mientras el mercado se acercaba a descontar otra suba de tasas del Banco Central Europeo. El aumento previsto de la inflación de la eurozona plantea un problema similar para las autoridades de ambos lados del Atlántico: el endurecimiento monetario puede contener los precios, pero también debilita la inversión y la actividad económica.
La próxima dirección del oro dependerá de si los inversores asignan mayor importancia a la protección geopolítica o al efecto de los intereses elevados.
Una escalada adicional alrededor del estrecho de Ormuz podría impulsar las compras de refugio. Sin embargo, si mantiene al petróleo en niveles elevados y refuerza las expectativas de nuevas subas de tasas, los rendimientos de los bonos pueden continuar limitando la recuperación del metal.
La atención se trasladará ahora al próximo informe de empleo de Estados Unidos y a nuevos indicadores de inflación. Un mercado laboral más débil podría reducir la probabilidad de un aumento en septiembre, mientras que un empleo resistente o precios persistentes reforzarían los argumentos para otro ajuste.
El avance de agosto demuestra que los inversores continúan buscando protección frente a la incertidumbre fiscal, monetaria y geopolítica. La caída del lunes muestra, sin embargo, que no todas las crisis internacionales producen una suba inmediata del oro.
Cuando la tensión geopolítica incrementa simultáneamente el costo de la energía, las expectativas de inflación y las tasas de interés, la relación habitual con los activos de refugio puede invertirse temporalmente. El oro debe entonces competir con instrumentos de mayor rendimiento, aunque continúen aumentando los riesgos que normalmente sostienen su demanda.



