Marcelo Scaglione: "El Acuerdo UE–Mercosur no se trata de aranceles, se trata de elegir un lugar en el nuevo orden global"

Para el exfuncionario que lideró la estrategia de adhesión de Argentina a la OCDE, el acuerdo representa una redefinición geopolítica, una oportunidad para atraer inversiones y una plataforma para integrar a Argentina y América Latina a las cadenas globales de valor a través de la innovación, la energía, los minerales críticos y la convergencia regulatoria.

15 de junio de 2026
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Marcelo Scaglione: "El Acuerdo UE–Mercosur no se trata de aranceles, se trata de elegir un lugar en el nuevo orden global"

Después de más de veinte años de negociaciones, el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur comienza a entrar en una nueva etapa con su aplicación parcial el pasado 1° de mayo. Sin embargo, para Marcelo Scaglione, uno de los principales especialistas de América Latina en integración internacional y estándares OCDE, gran parte del debate público continúa enfocándose en aspectos secundarios y pierde de vista la verdadera dimensión estratégica del proceso.

“No estamos hablando solamente de exportar más carne o vender más productos agroindustriales. Estamos hablando de definir dónde quiere posicionarse Argentina y América Latina en un mundo que se reorganiza alrededor de nuevos bloques geopolíticos”, afirmó Scaglione en diálogo con EUBizNews.

Fundador y Director General de Nuevas Ideas y Director del Centro Internacional para la Convergencia (OCDE) de América Latina y el Caribe, Scaglione fue además Subsecretario de Estado para la Adhesión de Argentina a la OCDE entre 2016 y 2019, liderando el proceso que colocó al país en la primera posición de respaldo entre los miembros de la organización. Desde hace más de 25 años trabaja en lo que define como la “inserción inteligente” de América Latina en un orden global basado en reglas.

Su lectura es contundente: el acuerdo llega en un momento histórico en el que Europa busca socios confiables para garantizar recursos estratégicos, energía y seguridad alimentaria, mientras América Latina intenta ganar relevancia dentro de la economía mundial.

Mucho más que comercio: una alianza geopolítica

Para Scaglione, el acuerdo debe interpretarse principalmente desde una perspectiva geopolítica.

La competencia estratégica entre Estados Unidos y China, la reorganización de las cadenas globales de suministro y la creciente demanda de minerales críticos están transformando el escenario internacional.

Europa necesita asegurar el acceso a alimentos, energía y materias primas esenciales para su transición industrial y energética. Mercosur, por su parte, busca fortalecer su inserción internacional mediante un vínculo estable con uno de los mercados más importantes y sofisticados del mundo.

“El acuerdo funciona como una póliza de seguro geopolítica para ambas partes”, sostuvo Scaglione.

La afirmación cobra especial relevancia en un contexto donde Bruselas impulsa iniciativas como Global Gateway, acuerdos sobre materias primas críticas y nuevas alianzas energéticas destinadas a reducir dependencias estratégicas y fortalecer la resiliencia económica europea.

El verdadero salto no está en la agroindustria

Aunque los beneficios inmediatos del acuerdo estarán asociados a la reducción de aranceles y a una mayor competitividad para productos agroindustriales, Scaglione considera que las mayores oportunidades se encuentran en sectores de mayor valor agregado.

La carne premium, los vinos, la pesca y diversas economías regionales podrían beneficiarse rápidamente de un mejor acceso al mercado europeo. Sin embargo, el futuro de la relación birregional estará determinado por industrias vinculadas al conocimiento, la tecnología y la transición energética.

Entre los sectores con mayor potencial identificó:

  • Servicios basados en el conocimiento, incluyendo software, ingeniería, diseño y servicios corporativos.

  • Litio y minerales críticos para baterías y movilidad eléctrica.

  • Energías renovables e hidrógeno verde.

  • AgTech y Biotech orientados a modernizar la producción agroindustrial.

“El error sería pensar a la Argentina únicamente como una proveedora de materias primas. La verdadera oportunidad es convertirse en parte de las cadenas de valor europeas”, explicó.

La visión coincide con las prioridades estratégicas de la Unión Europea, que busca construir nuevas cadenas industriales vinculadas a la transición energética y la autonomía tecnológica.

La convergencia con la OCDE como ventaja competitiva

Uno de los ejes centrales de la entrevista es la relación entre el acuerdo UE–Mercosur y el acercamiento de Argentina a los estándares de la OCDE.

Scaglione insiste en que ningún acuerdo comercial genera desarrollo por sí mismo. Lo que hace es crear incentivos para mejorar la calidad institucional y la competitividad de una economía.

Desde su perspectiva, existen cinco condiciones fundamentales para transformar la apertura comercial en crecimiento sostenible:

  1. Estabilidad macroeconómica.

  2. Calidad regulatoria y previsibilidad.

  3. Infraestructura moderna.

  4. Seguridad jurídica.

  5. Transparencia y competencia.

“La reducción de aranceles abre la puerta, pero no te obliga a caminar”, resumió.

En ese sentido, sostiene que los compromisos asumidos en materia de compras públicas, sostenibilidad, competencia y regulación pueden funcionar como una “ancla externa” capaz de impulsar reformas internas duraderas.

Las inversiones siguen a la confianza

Para los inversores europeos, el acuerdo envía una señal relevante.

Según Scaglione, la inversión de largo plazo se basa esencialmente en dos conceptos: confianza y previsibilidad.

Los proyectos vinculados a energía, infraestructura, minería, alimentos o tecnología requieren horizontes de planificación de décadas. En ese contexto, los acuerdos internacionales ayudan a reducir la percepción de riesgo y a mejorar las condiciones para la llegada de capital.

“El acuerdo funciona como un sello de seriedad. Le dice al mundo que un país está dispuesto a jugar con reglas internacionales”, señaló.

No obstante, advierte que el tratado por sí solo no garantiza inversiones.

La estabilidad macroeconómica, la seguridad jurídica y la calidad institucional seguirán siendo determinantes para convertir el interés europeo en proyectos concretos.

Los estándares definirán a los ganadores

Otro de los puntos destacados de la conversación gira en torno a la reciente decisión europea de restringir el ingreso de determinados productos cárnicos provenientes de Brasil.

Para Scaglione, el episodio demuestra que la competitividad global ya no depende únicamente de los aranceles.

Las exigencias sanitarias, ambientales y de trazabilidad se han convertido en factores decisivos para acceder a mercados de alto valor agregado.

La lección, afirma, es clara: cumplir estándares internacionales ya no es una ventaja competitiva; es una condición indispensable para participar en el comercio global.

Los países que logren adaptarse a estas exigencias tendrán acceso privilegiado a mercados sofisticados. Los que no lo hagan enfrentarán crecientes dificultades para competir.

Una oportunidad histórica para Europa y América Latina

Más allá de los aspectos comerciales, Scaglione interpreta el acuerdo como parte de una transformación más profunda en las relaciones entre Europa y América Latina.

Mientras Europa busca diversificar proveedores y fortalecer alianzas estratégicas, América Latina dispone de recursos naturales, capacidades productivas y talento humano cada vez más demandados por la economía global.

El acuerdo ofrece una plataforma para conectar inversión, innovación, sostenibilidad y modernización institucional en ambas regiones.

“No se trata de resignar soberanía. Se trata de ejercerla dentro de las reglas del juego global. Las reglas no son una jaula; son la cancha donde los países pueden competir y ganar”, concluyó.

En resumidas cuentas, para Marcelo Scaglione, el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur representa mucho más que una reducción de aranceles. Es una herramienta de inserción internacional, una señal geopolítica y una oportunidad para acelerar la convergencia con estándares OCDE.

El verdadero desafío para Argentina y el resto de Mercosur no será firmar el acuerdo, sino aprovecharlo para atraer inversiones, impulsar la innovación y construir una economía más competitiva en un mundo cada vez más definido por las reglas, la tecnología y las cadenas globales de valor.

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