América Latina siente el shock de Medio Oriente por la inflación, no por el suministro de petróleo
La guerra en Medio Oriente tiene un impacto directo más limitado sobre América Latina que sobre otras regiones emergentes, pero el aumento en los costos energéticos está alimentando la inflación y complicando la política monetaria en todo el continente.

América Latina aparece hoy más protegida que muchas otras economías emergentes frente al impacto inmediato del conflicto en Medio Oriente sobre la oferta energética. La baja dependencia regional de hidrocarburos provenientes de esa zona del mundo le permitió evitar, al menos por ahora, un escenario de interrupción severa del suministro.
Esa relativa protección responde tanto a la geografía como a la estructura comercial. La mayor parte de los hidrocarburos que importa la región proviene de Estados Unidos o de otros países latinoamericanos, mientras que la participación de Medio Oriente sigue siendo marginal. Además, varias economías, entre ellas Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador, son exportadoras netas de crudo.
Por eso, la reacción financiera inicial fue moderada. Las principales monedas latinoamericanas mostraron movimientos relativamente acotados desde el agravamiento del conflicto, especialmente si se comparan con la volatilidad observada en otras economías emergentes más expuestas. Aun así, la guerra frenó la tendencia de apreciación que algunas divisas venían mostrando frente al dólar desde comienzos de 2025.
La verdadera vulnerabilidad regional está en otro punto: no en el petróleo crudo, sino en los combustibles refinados. Incluso los países que exportan hidrocarburos suelen carecer de capacidad suficiente de refinación, lo que deja a la región estructuralmente dependiente de importaciones de nafta, diésel y otros derivados. Eso vuelve a América Latina más sensible a los aumentos de precios de los productos refinados que a una eventual escasez de crudo.
Esta diferencia es clave para entender el panorama macroeconómico. El encarecimiento de los combustibles refinados impacta directamente sobre la factura importadora y sobre las cuentas externas, sobre todo en países que ya son importadores netos de energía. Chile, Perú, Uruguay, gran parte de Centroamérica y, en menor medida, México, figuran entre las economías más expuestas a esta presión, aunque algunas compensen parcialmente el shock con exportaciones de cobre, oro o petróleo.
Chile y Uruguay aparecen entre los casos más sensibles, en parte por sus mayores déficits energéticos y por el impacto de una factura importadora más elevada. Eso ayuda a explicar por qué sus monedas estuvieron entre las más castigadas de la región desde que se profundizó el conflicto.
Para Europa, el panorama latinoamericano transmite un mensaje distinto al de Asia o algunas regiones de África. América Latina no enfrenta una emergencia severa de suministro de hidrocarburos, pero sí entra en una fase más inflacionaria que puede afectar demanda, tasas de interés y condiciones de inversión. Para las empresas e inversores europeos con exposición en la región, el riesgo principal no es la escasez energética, sino un entorno financiero más restrictivo y un consumo interno más débil.
La política fiscal refuerza esa dinámica. Salvo Brasil en parte, la mayoría de los gobiernos de la región ha mostrado poco margen —o poca disposición— para amortiguar el aumento de combustibles mediante subsidios. En cambio, dejaron que una mayor proporción del shock se traslade a los consumidores, reflejando tanto restricciones de financiamiento como la intención de preservar credibilidad económica.
Ese traslado ya empieza a sentirse en los índices de inflación, especialmente a través del componente de transporte. Después de una larga etapa de desinflación que había permitido una política monetaria más flexible en varios países, el nuevo shock energético amenaza con revertir parte de ese avance.
Los bancos centrales están reaccionando con cautela. En Chile y Perú, el ciclo de recorte de tasas parece haber llegado a su límite. México todavía podría tener margen para una última baja si el frente externo se estabiliza, mientras que Brasil podría continuar relajando su política, aunque a un ritmo más lento que el esperado. Colombia, en cambio, sobresale como la economía regional con más chances de volver a endurecer tasas si la inflación sigue presionando.
América Latina no está recibiendo el impacto del conflicto de Medio Oriente de la misma forma que otras regiones más dependientes de la energía importada. Pero eso no significa que esté al margen del shock. Lo está absorbiendo a través de más inflación, presión cambiaria y un escenario de política económica más complejo, todos factores relevantes para empresas europeas, inversores y socios comerciales que operan a ambos lados del Atlántico.



