La Reserva Federal sube los tipos por primera vez desde 2023 ante la persistencia de la inflación

El banco central de Estados Unidos elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos, hasta un rango de entre el 3,75% y el 4%, mediante una decisión unánime. Sus proyecciones apuntan a otra subida antes de terminar 2026.

16 de septiembre de 2026
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La Reserva Federal sube los tipos por primera vez desde 2023 ante la persistencia de la inflación

La Reserva Federal de Estados Unidos aumentó los tipos de interés por primera vez desde 2023, ante una inflación persistente, la resistencia de la demanda interna y el encarecimiento de la energía. La decisión se produjo pese a las presiones del presidente Donald Trump para reducir los costes de financiación.

El Comité Federal de Mercado Abierto elevó la tasa de los fondos federales en 25 puntos básicos, hasta un nuevo rango de entre el 3,75% y el 4%. Los 12 integrantes con derecho a voto respaldaron la medida.

La decisión unánime fue la primera adoptada bajo la presidencia de Kevin Warsh, designado por Trump al frente de la institución. El mandatario ha reclamado en reiteradas oportunidades una reducción de los tipos, al considerar que los actuales niveles limitan la inversión y encarecen el servicio de la deuda pública.

El banco central sostuvo, sin embargo, que la inflación continúa por encima de su objetivo del 2% y que podrían ser necesarias nuevas medidas para recuperar la estabilidad de precios.

La subida modifica la orientación de la política monetaria estadounidense después de un periodo en el que la Fed había reducido gradualmente los tipos desde los máximos alcanzados durante su anterior ofensiva contra la inflación.

La inflación cerraría 2026 en el 3,7%

La Reserva Federal señaló que la economía mantiene un ritmo sólido de expansión, sostenido por el consumo, el aumento de la productividad y la inversión empresarial. La creación de empleo acompaña el crecimiento de la población activa y la tasa de paro registra pocos cambios.

Las nuevas proyecciones sitúan el crecimiento del producto interior bruto en el 2,3% para 2026, frente al 2,2% previsto en junio. La expansión alcanzaría el 2,4% en 2027 y posteriormente se moderaría al 2,2% en 2028.

La tasa de desempleo terminaría 2026 en el 4,1%, por debajo del 4,3% calculado tres meses atrás.

La previsión de inflación, en cambio, fue revisada al alza. El índice de precios de los gastos de consumo personal aumentaría un 3,7% durante 2026, una décima más que en el cálculo anterior.

La inflación subyacente, que excluye los alimentos y la energía, se situaría en el 3,4%, también por encima del pronóstico de junio.

Los responsables de política monetaria no esperan que la inflación general regrese al objetivo del 2% hasta 2029, un año más tarde de lo proyectado anteriormente.

Las previsiones recogen las presiones derivadas del mercado energético, los aranceles sobre las importaciones y la fortaleza de la inversión, incluida la vinculada con la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial.

La Fed anticipa otra posible subida

La mediana de las estimaciones de los integrantes de la Reserva Federal coloca la tasa de referencia en el 4,1% al cierre de 2026. Ese nivel sería compatible con un rango de entre el 4% y el 4,25%, por lo que la mayoría contempla al menos otro incremento de 25 puntos básicos antes de finalizar el año.

La tasa permanecería en el 4,1% durante 2027 y posteriormente descendería al 3,9% en 2028 y al 3,6% en 2029. La estimación de largo plazo fue revisada ligeramente al alza, hasta el 3,2%.

Warsh señaló que la medida busca acelerar el retorno de la inflación al objetivo. También sostuvo que las condiciones financieras no resultan excesivamente restrictivas, una valoración que deja abierta la puerta a nuevos ajustes si las presiones sobre los precios no disminuyen.

La Fed evitó comprometerse con una trayectoria predeterminada. Las próximas decisiones dependerán de la evolución de la inflación, el empleo, la actividad económica y los mercados energéticos y financieros.

La presión política pone a prueba la independencia de la Fed

La decisión coloca al banco central en una dirección diferente de la pretendida por la Casa Blanca.

Trump sostiene que los tipos elevados frenan la economía y ha reclamado públicamente una reducción del coste del dinero. El nombramiento de Warsh había generado expectativas de que la institución pudiera adoptar una posición más flexible.

El respaldo unánime al aumento reforzó, por el contrario, el compromiso de la Fed con la estabilidad de precios. También evitó divisiones internas que podrían haber profundizado las dudas sobre la influencia política en las decisiones monetarias.

La Reserva Federal tiene el doble mandato de preservar la estabilidad de precios y promover el máximo nivel de empleo. La solidez relativa del mercado laboral permite actualmente concentrar más esfuerzos en el control de la inflación.

Efectos sobre Europa

La subida tiene implicaciones que exceden a la economía estadounidense. Unos tipos más altos pueden fortalecer al dólar, atraer capital hacia los activos denominados en esa moneda y elevar los costes financieros internacionales.

Para las empresas europeas, la apreciación del dólar puede encarecer en euros las importaciones de energía, materias primas y otros productos cotizados en la divisa estadounidense. El aumento de los rendimientos de la deuda norteamericana también puede ejercer presión sobre los bonos soberanos y el crédito corporativo europeo.

La medida llega menos de una semana después de que el Banco Central Europeo elevara su tasa de depósito al 2,50% para responder a una inflación impulsada, en parte, por los precios energéticos.

Con ambos bancos centrales endureciendo su política, las empresas de las dos orillas del Atlántico afrontan un nuevo periodo de mayores costes de financiación. La duración de este escenario dependerá de si la inflación comienza a moderarse o si las tensiones geopolíticas y energéticas obligan a mantener condiciones restrictivas durante más tiempo.

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