Lagarde advierte que el modelo de crecimiento europeo se erosiona ante la presión del comercio, la energía y la competitividad
La presidenta del BCE sostiene que los tres pilares que impulsaron durante décadas la expansión económica de Europa se están debilitando simultáneamente, mientras la fragmentación de los mercados amenaza la capacidad del continente para competir en inteligencia artificial y retener empresas de rápido crecimiento.

El modelo económico que sostuvo durante décadas la prosperidad europea está perdiendo fuerza a medida que el comercio mundial se vuelve más restrictivo, desaparecen algunas de las ventajas de costos de la industria continental y la inestabilidad geopolítica transforma las decisiones de inversión, advirtió la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde.
Durante un encuentro empresarial del World Economic Forum, Lagarde explicó que el modelo europeo de crecimiento posterior a la Segunda Guerra Mundial estuvo construido sobre tres pilares que se reforzaban mutuamente: la expansión del comercio internacional, una industria manufacturera competitiva beneficiada por energía relativamente barata y un orden global estable basado en reglas y respaldado por la seguridad estadounidense. El problema actual es que los tres pilares están debilitándose al mismo tiempo.
La transformación ya resulta visible en el comercio internacional. Más de 2.500 restricciones comerciales fueron implementadas a nivel mundial durante el último año, según las cifras citadas por Lagarde, en un escenario donde los gobiernos recurren cada vez más a aranceles, políticas industriales y medidas destinadas a proteger sectores considerados estratégicos.
La industria europea enfrenta además una competencia china mucho más directa. China compite actualmente con la eurozona en cerca del 40% de los sectores en los que Europa posee una ventaja comparativa, frente a aproximadamente el 25% registrado a comienzos de la década de 2000.
La energía se convirtió paralelamente en otra desventaja estructural.
Los precios de la electricidad pagados por las industrias intensivas en energía de la Unión Europea fueron, en promedio, más del doble que en Estados Unidos durante el último año y aproximadamente un 50% superiores a los de China. La desaparición del gas ruso barato que durante años sostuvo parte de la competitividad industrial europea modificó profundamente la ecuación de costos para los fabricantes del bloque.
A esos factores se suma un entorno geopolítico considerablemente menos estable. Las dependencias críticas, los cuellos de botella en las cadenas de suministro y las vulnerabilidades estratégicas tienen un peso creciente en las decisiones corporativas, mientras la propia incertidumbre genera consecuencias económicas: cuando las empresas perciben menor seguridad para el capital, reducen sus inversiones, afectando posteriormente la producción y el consumo.
La advertencia profundiza un debate que atraviesa actualmente a la Unión Europea: cómo recuperar competitividad mientras el continente enfrenta simultáneamente mayores costos energéticos, fragmentación geopolítica y una transformación tecnológica acelerada.
Sin embargo, el diagnóstico de Lagarde también identifica fortalezas importantes. Europa mantiene un mercado integrado por 27 Estados y alrededor de 450 millones de consumidores, una extensa red de acuerdos comerciales internacionales y capacidades industriales sofisticadas en sectores especializados como la litografía y la óptica de precisión.
La demanda interna está funcionando además como un importante amortiguador.
La economía de la eurozona creció 1,5% en 2025, con una expansión impulsada enteramente por la demanda doméstica. Ese mismo componente volvió a contribuir positivamente cuando el PIB avanzó 0,4% intertrimestral durante el segundo trimestre de 2026 pese al shock energético, y el BCE espera que continúe siendo la principal fuente de crecimiento de la zona euro durante este año.
El desafío consiste ahora en convertir el tamaño y el poder adquisitivo del mercado europeo en la escala necesaria para competir globalmente.
La inteligencia artificial expone la fragmentación europea
La inteligencia artificial puede convertirse en la prueba decisiva.
Lagarde advirtió que Europa quedó en gran medida al margen de la primera revolución digital y no puede permitirse repetir la experiencia con la IA. Las compañías de la eurozona parecen dispuestas a aumentar su exposición a esta tecnología: las encuestas citadas por la presidenta del BCE muestran que las empresas prevén destinar en promedio aproximadamente 9% de sus inversiones totales a inteligencia artificial durante 2026.
Pero aumentar la inversión no resuelve por sí solo el problema estructural.
El Mercado Único europeo continúa fragmentado en áreas fundamentales para las compañías que pretenden expandirse entre países. Las diferencias regulatorias y determinadas barreras nacionales pueden limitar la competencia y ralentizar la adopción tecnológica, mientras la fragmentación de los mercados de capital dificulta que las empresas europeas más prometedoras consigan la financiación necesaria para transformarse en competidores globales.
La brecha aparece con especial claridad cuando las startups comienzan a crecer.
Según datos del Banco Europeo de Inversiones citados por Lagarde, durante sus primeros cinco años las scale-ups europeas consiguen montos de financiación relativamente similares a los obtenidos por compañías equivalentes de San Francisco. Sin embargo, al llegar al décimo año las empresas europeas acumulan aproximadamente un 50% menos de capital.
El resultado no es únicamente un crecimiento más lento. Cerca del 12% de las scale-ups de la UE terminaron trasladándose fuera del bloque, principalmente hacia Estados Unidos. Europa corre así el riesgo de financiar la creación y las primeras etapas de compañías innovadoras para después perder parte del valor económico cuando esas empresas necesitan acceder a mayores volúmenes de capital para continuar expandiéndose.
Por eso, el debate sobre la competitividad europea está comenzando a desplazarse desde los subsidios y las políticas industriales individuales hacia la propia arquitectura del Mercado Único.
Una de las propuestas en discusión es “EU Inc.”, una figura jurídica corporativa opcional a escala comunitaria que permitiría constituir una empresa una sola vez y operar bajo un mismo conjunto de normas en toda la Unión Europea. El objetivo sería reducir la fragmentación regulatoria que actualmente enfrentan muchas compañías cuando intentan pasar de un mercado nacional a otro.
Los líderes europeos también buscan avanzar en la integración financiera y han pedido alcanzar un acuerdo sobre un paquete de integración de mercados antes de finalizar 2026. La aspiración es acercarse a un verdadero mercado único de capitales que facilite que el ahorro generado dentro de Europa pueda financiar a las propias empresas europeas durante sus etapas de expansión.
El desafío excede ampliamente al sector tecnológico.
Europa necesita financiar simultáneamente la transición energética, ampliar sus capacidades de defensa, modernizar infraestructuras, reforzar la seguridad energética y competir en inteligencia artificial. Intentar hacerlo mientras la actividad económica y los mercados de capital permanecen divididos por fronteras nacionales supone una desventaja estructural frente a Estados Unidos y China, donde las compañías pueden alcanzar escala dentro de mercados domésticos mucho mayores.
El diagnóstico de Lagarde apunta, por lo tanto, a una transformación más profunda que una simple desaceleración económica coyuntural.
Europa todavía cuenta con capital, industrias sofisticadas, trabajadores cualificados, consumidores con elevado poder adquisitivo y uno de los mayores mercados del planeta. Lo que está bajo presión es la arquitectura económica que durante décadas permitió convertir esas ventajas en crecimiento.
Si la expansión de la globalización, la energía barata y la estabilidad geopolítica ya no pueden darse por sentadas, el próximo modelo de crecimiento europeo tendrá que apoyarse mucho más en su propio mercado interno, su capacidad de inversión y su habilidad para transformar innovación en empresas capaces de competir a escala mundial.



