Los agentes de IA transforman el e-commerce: América Latina acelera mientras Europa enfrenta el desafío de regular las compras autónomas

América Latina llega a esta transformación con una infraestructura madura de pagos digitales y tokenización, mientras Europa enfrenta otro desafío: adaptar un sofisticado marco regulatorio pensado para transacciones iniciadas por personas.

14 de agosto de 2026
5 min de lectura
Los agentes de IA transforman el e-commerce: América Latina acelera mientras Europa enfrenta el desafío de regular las compras autónomas

Durante tres décadas, el comercio electrónico se construyó alrededor de una premisa fundamental: detrás de la pantalla hay una persona. El consumidor busca. Compara. Agrega un producto al carrito. Introduce sus datos de pago. Y finalmente pulsa el botón que confirma la compra.

La inteligencia artificial está comenzando a romper ese modelo.

La próxima transformación del e-commerce no consiste solamente en utilizar IA para recomendar productos. Implica delegar una parte —y potencialmente casi todo— el proceso de compra a agentes de software capaces de interpretar un objetivo, buscar alternativas, respetar límites de gasto y entrega y ejecutar una transacción.

Para Harald Valdivieso, CEO de WAIA, esa transformación ya comenzó a abandonar el terreno teórico. Y el contraste entre Europa y América Latina permite observar con particular claridad los desafíos de la próxima etapa.

El 11 de marzo de 2026, Banco do Brasil y Visa completaron en Brasil la primera transacción iniciada por un agente de IA utilizando Visa Intelligent Commerce. La operación se realizó en un entorno de producción controlado y contó con autenticación, tokenización y controles de seguridad de Visa. Un día después, Santander y Visa comunicaron transacciones controladas de comercio agéntico en Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay.

Estos avances muestran algo más profundo: la interfaz donde compramos comienza a separarse de la infraestructura que realmente ejecuta la compra.

“La pregunta para las empresas no debería ser a qué protocolo sumarse primero”, explicó Valdivieso a EUBizNews. “La pregunta importante es si su arquitectura está preparada para un mundo en el que quien interactúa con sus sistemas puede ser un agente y no una persona”.

Del e-commerce al comercio agéntico

El comercio electrónico tradicional gira alrededor de sitios web y aplicaciones diseñados para ojos y manos humanas. El comercio agéntico modifica esa relación.

Un consumidor podría pedir a su asistente de IA que encuentre un producto con determinadas características, compare proveedores, compruebe fechas de entrega y ejecute automáticamente la compra cuando se cumplan las condiciones establecidas.

En ese escenario, la tienda online tradicional pierde parte de su centralidad.

Para los retailers, la cuestión decisiva pasa a ser si una máquina puede comprender su catálogo, inventario, precios, condiciones de entrega y reglas comerciales sin necesidad de “navegar” la web como lo haría una persona.

Por eso, la transformación es mucho más profunda que incorporar un chatbot. La infraestructura comercial debe convertirse en estructurada, legible por máquinas y ejecutable.

Shopify ya avanza en esa dirección mediante Catalog API, que transforma la información de productos en datos consultables por agentes, mientras el Universal Commerce Protocol desarrollado junto con Google establece un lenguaje común para conectar agentes y comercios.

La tienda ya no es necesariamente la única puerta de entrada al comercio digital.

El catálogo empieza a convertirse en una API para máquinas.

Las capas que están construyendo el nuevo comercio

Valdivieso propone analizar el ecosistema emergente mediante diferentes capas.

La primera corresponde al catálogo y descubrimiento de productos: permitir que una IA entienda qué vende una empresa, cuánto cuesta y si está disponible.

La segunda comprende la orquestación comercial y el checkout: los mecanismos mediante los cuales el agente crea el carrito, se comunica con el comercio y transforma una intención en una orden.

La tercera es la autorización y confianza del pago: demostrar que el consumidor realmente concedió al agente permiso para gastar dinero dentro de determinados límites.

Estas funciones pueden superponerse técnicamente, pero resuelven problemas diferentes.

Google y Shopify presentaron en enero de 2026 el Universal Commerce Protocol (UCP). En mayo, Google amplió su estrategia durante I/O con Universal Cart, un carrito concebido para operar entre diferentes comercios y servicios como Search, Gemini, YouTube y Gmail. Google asegura que su Shopping Graph supera los 60.000 millones de listados de productos.

OpenAI y Stripe, por su parte, desarrollaron el Agentic Commerce Protocol (ACP), presentado en septiembre de 2025 como estándar abierto para conectar agentes y comercios mediante flujos programáticos de compra.

La arquitectura que está surgiendo difícilmente dependerá de una única interfaz.

Y eso tiene una consecuencia importante: las empresas no deberían construir toda su estrategia suponiendo que la plataforma de compras con IA más visible hoy será necesariamente la dominante mañana.

AP2 y la batalla por demostrar el consentimiento

Una de las piezas más relevantes de esta infraestructura es el Agent Payments Protocol (AP2) impulsado por Google.

Su función aborda una pregunta esencial:

¿Cómo puede un comercio, un banco o un procesador demostrar que una persona realmente autorizó a un agente de inteligencia artificial a ejecutar una determinada compra?

AP2 utiliza mandatos digitales resistentes a manipulaciones para establecer una relación verificable entre consumidor, comercio y procesador de pagos.

Los mandatos permiten determinar qué está autorizado a comprar el agente y bajo qué condiciones.

En abril de 2026, Google transfirió AP2 a FIDO Alliance, la organización vinculada con estándares de autenticación como las passkeys. La versión 0.2 incorporó además operaciones “Human Not Present”, que permiten ejecutar pagos sobre instrucciones previamente autorizadas. Google también desarrolló junto con Mastercard el concepto Verifiable Intent para generar registros resistentes a alteraciones sobre las acciones autorizadas por los usuarios.

Para Valdivieso, el movimiento permite entender la dimensión estratégica de la batalla.

El premio no necesariamente consiste en ser propietario de la aplicación donde el consumidor compra.

Puede consistir en convertirse en la infraestructura de confianza que funciona debajo de todas esas aplicaciones.

Un checkout atractivo no resuelve el comercio

La primera etapa del comercio agéntico puso gran parte de la atención sobre la posibilidad de comprar directamente dentro de interfaces conversacionales.

OpenAI y Stripe lanzaron Instant Checkout en ChatGPT en septiembre de 2025, inicialmente para vendedores estadounidenses de Etsy y con planes de incorporar comercios de Shopify. ACP fue diseñado para que el vendedor continuara siendo merchant of record y mantuviera el control sobre pagos, cumplimiento, devoluciones y relación con el cliente.

Pero para Valdivieso existe un riesgo en confundir la interfaz con el verdadero problema.

Detrás de cualquier compra siguen existiendo inventarios, impuestos, prevención de fraude, logística, devoluciones, atención al cliente y conciliación.

La inteligencia artificial no elimina ninguna de esas obligaciones.

“El comercio tiene mucha complejidad operativa aburrida”, sostiene el CEO de WAIA. “Y precisamente esa complejidad es la que determina si una demostración puede convertirse en un sistema real de producción”.

Por eso, preparar una empresa para el comercio agéntico requiere mucho más que conectar otro checkout.

Europa: tecnología autónoma bajo reglas diseñadas para humanos

Europa llega a esta transformación desde una posición singular. La Unión Europea posee uno de los marcos regulatorios digitales, financieros y de protección al consumidor más sofisticados del mundo.

Pero precisamente esa arquitectura plantea interrogantes cuando quien ejecuta una transacción es un software actuando mediante una autorización delegada.

Las reglas tradicionales de pagos fueron concebidas alrededor de personas que autorizan operaciones. Un agente autónomo altera esa premisa.

Si un consumidor ordena a una IA comprar un vuelo cuando el precio caiga por debajo de determinado límite, la persona podría no estar presente cuando finalmente se produzca la transacción.

¿Quién autorizó exactamente ese pago?

¿Cómo queda registrado el consentimiento?

¿Qué sucede si el agente interpreta incorrectamente las instrucciones?

¿Quién responde cuando se ejecuta una compra fuera de los límites delegados?

¿Y cuál es la posición jurídica del agente dentro de una cadena donde participan bancos, procesadores y proveedores tecnológicos?

Estas preguntas ya no pertenecen al futuro.

La regulación avanza más lentamente

Los propios supervisores financieros comienzan a reconocer la velocidad del cambio.

Durante el Foro de Banca Central del Banco Central Europeo celebrado en Sintra el 30 de junio, Sarah Breeden, subgobernadora del Banco de Inglaterra, advirtió sobre la velocidad con la que la IA está transformando las finanzas y la necesidad de que las autoridades adapten sus mecanismos de supervisión.

Reino Unido ya comenzó a abordar específicamente la cuestión.

El 14 de julio de 2026, el Tesoro británico abrió una consulta para modernizar la regulación de servicios de pago. Entre las innovaciones mencionadas expresamente aparecen los pagos agénticos, junto con los pagos tokenizados y Open Banking.

Para las compañías europeas, el mensaje es relevante.

La capacidad tecnológica para ejecutar operaciones cada vez más autónomas está llegando antes de que las leyes determinen completamente cómo deben funcionar la responsabilidad, el consentimiento y las obligaciones de cada participante.

Valdivieso considera que las empresas no deberían interpretar ese vacío como una razón para esperar.

El consentimiento puede convertirse en la pieza central

En una compra online tradicional, la intención del consumidor resulta relativamente sencilla de demostrar. Selecciona un producto y confirma el pago.

Con un agente autónomo, el consentimiento puede ser condicional y diferido.

Una persona podría decir:

“Comprá este producto si baja de 500 euros antes del viernes”.

La operación podría producirse dos días después mientras el consumidor duerme.

Para el comercio y el proveedor de pagos, ya no alcanza con demostrar que alguien pulsó un botón.

Necesitan saber qué autorizó el consumidor, cuánto podía gastar el agente, qué condiciones debía respetar y si la transacción final cumplió exactamente esas instrucciones.

Por eso Valdivieso considera que el concepto de mandato verificable impulsado por los nuevos protocolos resulta relevante incluso para compañías que todavía no integran formalmente AP2.

El principio subyacente —consentimiento verificable y auditable— puede convertirse en uno de los pilares del comercio autónomo.

América Latina parte de otra ventaja

Si Europa cuenta con una arquitectura regulatoria sofisticada, América Latina llega a esta transformación con otra fortaleza: una infraestructura de pagos que ya atravesó una profunda digitalización.

Pagos instantáneos, billeteras digitales y tokenización avanzaron rápidamente durante los últimos años.

Eso reduce determinadas fricciones para las transacciones agénticas.

La operación de Banco do Brasil y Visa demostró en marzo que un agente podía iniciar una transacción utilizando infraestructura real de autenticación y tokenización.

Santander y Visa ampliaron el escenario con operaciones controladas en cinco mercados latinoamericanos.

Mastercard desarrolla en paralelo su propia estrategia.

En diciembre de 2025 anunció la expansión de Mastercard Agent Pay por América Latina y el Caribe durante 2026. El sistema utiliza Agentic Tokens y permisos definidos por el consumidor, junto con mecanismos de verificación, trazabilidad y prevención del fraude.

Un dato muestra particularmente bien la posición regional: Mastercard afirma que casi el 100% de sus emisores latinoamericanos ya dispone de su tecnología de tokenización.

La velocidad latinoamericana también implica riesgos

La ventaja tecnológica no significa que América Latina tenga resuelto el marco regulatorio del comercio agéntico.

Europa y América Latina enfrentan, en cierto modo, problemas inversos.

Europa posee una regulación muy desarrollada que ahora necesita adaptarse a sistemas capaces de actuar de forma autónoma.

América Latina dispone de infraestructura de pagos que facilita experimentar rápidamente, mientras las normas específicas para agentes de IA permanecen menos desarrolladas.

Esa velocidad puede convertirse simultáneamente en ventaja y riesgo.

Para Valdivieso, las compañías no deberían esperar a que los reguladores definan cómo resolver fraude, delegación y responsabilidad.

Esos controles deben formar parte del diseño desde el comienzo.

Límites de gasto, trazabilidad de las transacciones, permisos claros y mecanismos de intervención humana para decisiones de mayor impacto deben incorporarse a la arquitectura.

Europa y América Latina llegan al mismo destino desde lugares diferentes

La comparación entre ambos mercados muestra una de las paradojas más interesantes de la economía de la IA.

Europa dispone de sofisticados mecanismos institucionales de protección, pero necesita adaptarlos a máquinas capaces de actuar por sí mismas.

América Latina cuenta con ecosistemas de pagos digitales extraordinariamente dinámicos que pueden acelerar la adopción, aunque necesita evitar que la gobernanza quede demasiado rezagada respecto de la capacidad tecnológica.

Ninguna de las dos regiones resolvió todavía todo el problema.

Y ambas tienen elementos que aprender de la otra.

La preocupación europea por consentimiento, autenticación, responsabilidad y protección del consumidor puede contribuir a establecer estándares internacionales de confianza.

América Latina demuestra, en cambio, hasta qué punto contar previamente con tokenización y rieles modernos de pagos permite reducir las barreras de entrada de una nueva tecnología.

“La infraestructura y la regulación avanzan a velocidades diferentes en las dos regiones”, resume Valdivieso. “La diferencia está en dónde se encuentra el cuello de botella”.

Qué deberían hacer ahora los e-commerce

Desde WAIA, la recomendación es no construir toda la estrategia alrededor de la plataforma o protocolo que hoy parece llevar ventaja.

Las prioridades deberían ser más estructurales:

  • Catálogos legibles por máquinas: precios, atributos, productos y disponibilidad deben estructurarse para que los agentes puedan interpretarlos.

  • Inventario en tiempo real: ningún agente puede ejecutar una compra correctamente con información de stock desactualizada.

  • Consentimiento auditable: debe quedar registrado qué delegó el cliente y bajo qué límites.

  • Trazabilidad: las decisiones y operaciones relevantes necesitan dejar registros verificables.

  • Controles de gasto y riesgo: la autonomía debe operar dentro de límites explícitos.

  • Escalamiento hacia humanos: las decisiones de mayor impacto necesitan mecanismos de intervención.

  • Independencia de protocolos: la arquitectura debe poder comunicarse con distintos ecosistemas y no quedar cautiva de una única plataforma.

La cuestión no consiste en acertar hoy si Google, OpenAI, Stripe, Shopify, Visa, Mastercard u otro jugador terminará imponiendo el estándar dominante.

Consiste en preparar el negocio para poder operar con cualquiera de ellos.

La ventaja competitiva será cada vez menos visible

La llegada de agentes de IA también puede modificar lo que significa optimizar un e-commerce.

Durante años, la optimización estuvo centrada casi exclusivamente en las personas: páginas más rápidas, mejores buscadores, fotografías más atractivas, menos pasos de checkout y mayores tasas de conversión.

Nada de eso desaparecerá.

Pero las compañías tendrán que empezar a optimizar también para un segundo cliente: la máquina que representa al consumidor.

A esa máquina no le importa que la página principal sea visualmente espectacular.

Necesita saber si el precio es correcto, si existe stock, cuáles son exactamente los atributos del producto, si la fecha de entrega es fiable y si las reglas comerciales pueden ejecutarse programáticamente.

La ventaja competitiva puede desplazarse así desde la parte visible de la tienda hacia su arquitectura interna.

La próxima revolución del e-commerce no será otra página web

El cambio más profundo del comercio agéntico podría terminar siendo casi invisible para el consumidor.

Google, Shopify, OpenAI, Stripe, Visa, Mastercard y otros actores están construyendo distintas piezas de la infraestructura mediante la cual las inteligencias artificiales podrán descubrir productos, comunicarse con comercios, demostrar la autorización del consumidor y ejecutar pagos.

Algunos estándares prosperarán. Otros desaparecerán. Y surgirán nuevos.

Pero la dirección resulta cada vez más evidente.

El comercio electrónico está pasando de un mundo en el que el software ayuda a las personas a comprar a otro en el que las personas pueden delegar la compra al software.

Europa y América Latina entran en esta transición con fortalezas y debilidades muy diferentes.

Europa necesita conseguir que su extensa arquitectura de protección al consumidor y regulación de pagos funcione cuando el comprador esté representado por un agente autónomo.

América Latina debe convertir su ventaja en infraestructura digital de pagos en un ecosistema confiable, evitando que los mecanismos de control y la regulación queden demasiado rezagados.

Para las empresas que operan entre ambos mercados, la conclusión de Valdivieso no pasa por intentar adivinar al ganador tecnológico.

Las compañías mejor preparadas para la próxima era del e-commerce probablemente no serán las que tengan la demostración de IA más espectacular. Serán aquellas cuyos catálogos, inventarios, pagos, mecanismos de consentimiento y reglas de negocio estén suficientemente bien estructurados como para que una máquina pueda entenderlos y ejecutarlos.

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