UE–Mercosur abre un nuevo frente en minerales clave para Europa
Un nuevo análisis sostiene que el acuerdo UE–Mercosur podría ayudar a Europa a diversificar su acceso a minerales críticos y reducir su dependencia de cadenas de procesamiento dominadas por China. La aplicación provisoria del pacto desde mayo de 2026 refuerza su relevancia estratégica más allá del comercio.

El acuerdo UE–Mercosur empieza a ser visto como algo más que un pacto comercial. Un nuevo análisis del Peterson Institute for International Economics sostiene que el tratado podría darle a Europa acceso a una nueva fuente estratégica de minerales críticos, al tiempo que ayudaría a reducir la dependencia de la dominancia china en el procesamiento de esos recursos.
Según el informe, el acuerdo crearía el primer marco jurídico vinculante orientado a trasladar parte del procesamiento de minerales críticos hacia América del Sur, abriendo la puerta a una asociación industrial más profunda entre Europa y los países del Mercosur. Esto cobra relevancia en un momento en que la Unión Europea busca asegurar cadenas de suministro para la transición energética, la manufactura avanzada y las industrias vinculadas a la defensa.
El momento es especialmente significativo. El Peterson Institute señala que el acuerdo fue concluido políticamente en diciembre de 2024 y que su aplicación provisoria está prevista para mayo de 2026, un paso que activaría disposiciones comerciales clave incluso antes de la ratificación plena por parte de todos los Estados miembros de la UE.
Más allá del acceso a mercados, el valor estratégico está en la cadena de valor minera. El acuerdo eliminaría progresivamente más del 90% de los aranceles bilaterales, incluyendo gravámenes que afectan al comercio vinculado con minerales críticos, lo que podría volver a América del Sur una plataforma más atractiva para inversiones en capacidad de procesamiento asociada a la demanda europea.
Ese cambio podría ser especialmente relevante para países como Argentina, Brasil y Paraguay, que integran el Mercosur y tienen una importancia creciente en la conversación global sobre materias primas, insumos industriales y procesamiento aguas abajo. Para Europa, el objetivo no sería solo importar minerales, sino también fomentar redes alternativas de suministro con mayor equilibrio geopolítico. Este último punto es una inferencia basada en el análisis del PIIE sobre la necesidad de reducir el peso de China y redirigir parte del procesamiento hacia Sudamérica.
El informe también marca un contraste con Estados Unidos y sostiene que Washington sigue rezagado en el desarrollo de una estrategia estructurada similar en América del Sur. En ese sentido, el marco UE–Mercosur aparece no solo como un arreglo comercial, sino como un instrumento estratégico en la disputa más amplia por la resiliencia industrial y el acceso a insumos críticos.
Para las empresas europeas, las implicancias son claras. Si el acuerdo entra en vigor de forma provisoria como se espera, podría abrir oportunidades más tempranas en servicios mineros, infraestructura, logística, refinación y procesamiento industrial en el Cono Sur. Para el Mercosur, reforzaría el argumento a favor de avanzar en la cadena de valor en lugar de seguir siendo solo proveedor de materias primas. Esto es una inferencia a partir del esquema arancelario y de procesamiento descrito por el PIIE.
En ese marco, los minerales críticos podrían convertirse en uno de los pilares menos discutidos pero más trascendentes del acuerdo UE–Mercosur. Lo que comenzó como una negociación comercial aparece cada vez más como parte de la estrategia de largo plazo de Europa para su seguridad industrial.



