Von der Leyen impulsa “One Europe, One Market” mientras la UE vincula competitividad con independencia energética
La presidenta de la Comisión Europea coloca competitividad, seguridad energética y simplificación regulatoria en el centro de la agenda comunitaria, con acuerdos como Mercosur y México como herramientas para reducir dependencias externas.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, impulsa una agenda de competitividad más definida para la Unión Europea, vinculando la resiliencia económica del bloque con la independencia energética, la profundización del mercado único y una red más amplia de acuerdos comerciales.
En declaraciones realizadas en Berlín ante la conducción del grupo parlamentario CDU/CSU, von der Leyen sostuvo que las crisis actuales están exponiendo vulnerabilidades estructurales del modelo económico europeo. El nuevo shock energético, provocado por la crisis en Medio Oriente y las disrupciones en torno al estrecho de Ormuz, volvió a poner en evidencia la dependencia de la UE de combustibles fósiles importados y el costo de esa exposición.
Según von der Leyen, desde el inicio de la crisis la Unión Europea ya pagó €27.000 millones adicionales por importaciones de gas y petróleo sin recibir más suministro. Su mensaje fue directo: cada kilovatio-hora producido en Europa fortalece la estabilidad económica, la asequibilidad y la independencia estratégica.
El enfoque de la Comisión se apoya en la neutralidad tecnológica. En lugar de presentar a las renovables y la energía nuclear como caminos excluyentes, von der Leyen defendió una estrategia combinada que incluya generación renovable, baterías, redes modernas e investigación en pequeños reactores modulares. Para Bruselas, el objetivo es reducir la exposición a shocks externos y mantener bajo control los costos energéticos para la industria y los consumidores.
La política comercial es otro pilar de la estrategia. Von der Leyen mencionó los recientes acuerdos de libre comercio con Mercosur, India y Australia, además de próximas negociaciones con México, como parte de un esfuerzo para construir la mayor red de acuerdos comerciales del mundo. Para la relación empresarial entre Europa y América Latina, la referencia a Mercosur y México es especialmente relevante: Bruselas ve cada vez más estos acuerdos no solo como instrumentos de apertura de mercados, sino también como mecanismos para asegurar cadenas de suministro y diversificar socios.
La agenda de competitividad también incluye una fuerte dimensión de simplificación regulatoria. Von der Leyen destacó los paquetes omnibus de la Comisión, la revisión de legislación existente y el principio de “simplicidad por diseño” para nuevas normas. El objetivo es reducir costos administrativos para las empresas europeas y facilitar la operación dentro del mercado único.
Una propuesta clave en ese proceso es EU Inc., parte del denominado régimen 28. La iniciativa permitiría crear empresas de forma totalmente digital en 48 horas, desde cualquier lugar de la UE, por menos de €100 y bajo un marco jurídico unificado. El plan apunta especialmente a startups y scale-ups que hoy enfrentan reglas fragmentadas entre los 27 Estados miembros.
Esa lógica se integra en la hoja de ruta “One Europe, One Market”, acordada por la Comisión, el Consejo y el Parlamento. El plan busca eliminar las principales barreras pendientes del mercado único hacia fines de 2027, convirtiendo la escala europea en una ventaja competitiva más efectiva.
El último componente es la defensa. Von der Leyen sostuvo que fortaleza económica y seguridad son hoy inseparables, y pidió mayor inversión europea en capacidades que van desde defensa aérea y drones hasta ciberresiliencia. En su enfoque, la autonomía estratégica depende no solo de energía y comercio, sino también de la capacidad de resistir presiones militares e híbridas.
Para Europa, el mensaje es claro: la competitividad ya no se trata como un tema económico aislado. Ahora se conecta con energía, regulación, comercio, defensa y política industrial. Para América Latina, las implicancias también son importantes. A medida que la UE busca socios diversificados y cadenas de suministro más sólidas, los países vinculados a Mercosur podrían volverse cada vez más centrales en la próxima estrategia de crecimiento europea.



