Brasil busca transformar sus reservas de minerales críticos en una cadena industrial propia
El marco aprobado por el Senado movilizaría hasta €1.170 millones mediante garantías para proyectos e incentivos al procesamiento local. Brasilia pretende que el país capture más valor de las tierras raras y otros recursos estratégicos, aunque las nuevas facultades para controlar inversiones extranjeras y las dudas sobre las salvaguardas ambientales podrían influir en su implementación.

Brasil dio un nuevo paso para convertir sus grandes reservas de minerales críticos en una plataforma industrial capaz de abastecer a los sectores energético, tecnológico y de defensa.
El Senado Federal aprobó la creación de una Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos, diseñada para atraer inversiones, ampliar la investigación geológica y promover el procesamiento y la fabricación de productos dentro del país.
El proyecto, que ya había recibido el respaldo de la Cámara de Diputados, necesita ahora la firma del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para convertirse en ley. Su objetivo central es evitar que Brasil permanezca principalmente como exportador de materias primas sin procesar mientras otros países capturan la mayor parte del valor mediante el refinado, la fabricación de componentes y el desarrollo tecnológico.
Brasil posee las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo, detrás de China, además de importantes depósitos de niobio, grafito, níquel, litio, manganeso y cobre. Estos materiales se utilizan en vehículos eléctricos, baterías, turbinas eólicas, paneles solares, semiconductores, equipos de telecomunicaciones y sistemas militares.
Sin embargo, los recursos geológicos no se convierten automáticamente en capacidad industrial. Brasil todavía necesita inversiones adicionales en exploración, infraestructura de transporte, suministro energético, tecnología de refinado, formación profesional y licencias ambientales antes de poder operar en la escala que busca el Gobierno.
Hasta €1.170 millones de apoyo público
La legislación crea una estructura financiera de hasta 7.000 millones de reales, equivalentes a aproximadamente €1.170 millones al tipo de cambio actual.
El primer componente es el Fondo de Garantía de la Actividad Minera, que recibiría hasta 2.000 millones de reales —alrededor de €336 millones— del Gobierno federal. El fondo proporcionaría garantías a proyectos vinculados con la exploración, producción y transformación de minerales considerados críticos o estratégicos.
Otros 5.000 millones de reales, aproximadamente €839 millones, quedarían disponibles mediante créditos fiscales distribuidos durante cinco años para respaldar proyectos de procesamiento y transformación dentro de Brasil.
Los incentivos buscan favorecer inversiones que agreguen valor en el país, en lugar de limitar las operaciones a la extracción y exportación de concentrados minerales. Las áreas prioritarias incluyen materiales destinados a baterías, imanes permanentes, motores eléctricos, equipos de energías renovables y fertilizantes.
La lista definitiva de minerales elegibles, los requisitos para acceder a los beneficios y las reglas operativas dependerán de la reglamentación que se publique después de la entrada en vigor de la ley.
El marco diferencia entre minerales críticos, cuyo abastecimiento puede verse afectado por restricciones o interrupciones, y minerales estratégicos vinculados con prioridades como la transición energética, la seguridad alimentaria, la defensa nacional y el desarrollo tecnológico.
Una nueva instancia de control sobre el capital extranjero
La legislación también establece un Consejo Nacional para la Industrialización de Minerales Críticos y Estratégicos, vinculado a la Presidencia de Brasil.
El organismo identificará proyectos prioritarios y coordinará políticas públicas relacionadas con minería, tecnología, infraestructura y desarrollo industrial. También examinará determinadas formas de inversión o influencia extranjera en empresas que posean derechos sobre yacimientos de minerales críticos.
Esta facultad podría proporcionar al Gobierno federal un poder efectivo de veto sobre transacciones consideradas contrarias a los intereses nacionales.
Los defensores de la medida sostienen que permitirá impedir la transferencia de activos estratégicos sin compromisos de inversión local, procesamiento o desarrollo tecnológico. Sus críticos advierten que unas facultades de control demasiado amplias podrían generar incertidumbre si los criterios de aprobación no son claros, previsibles y definidos técnicamente.
Esa tensión ocupa el centro de la estrategia brasileña. El desarrollo de minas y plantas de procesamiento requerirá capital extranjero, tecnología y compradores internacionales, pero el Gobierno pretende que esas asociaciones contribuyan a crear capacidad industrial dentro del país.
Lula afirmó en varias oportunidades que Brasil quiere trabajar con distintos socios, incluidos la Unión Europea, Estados Unidos, China e India, evitando depender de una única potencia económica.
El interés internacional se acelera
La competencia por acceder a los recursos brasileños aumentó a medida que las economías occidentales buscan alternativas a unas cadenas de suministro dominadas por China.
En abril, la estadounidense USA Rare Earth acordó adquirir Serra Verde, el único productor brasileño de tierras raras a escala comercial, mediante una operación valorada en aproximadamente €2.410 millones.
Serra Verde opera la mina y planta de procesamiento Pela Ema, en el estado de Goiás, y produce concentrados que contienen elementos utilizados en imanes permanentes. La transacción mostró tanto el valor comercial de los depósitos brasileños como la magnitud del interés extranjero por controlar la producción existente.
La Unión Europea también busca ampliar su participación. El comisario europeo Jozef Síkela visitó en junio proyectos de tierras raras en Minas Gerais, mientras Bruselas exploraba asociaciones relacionadas con producción, tecnología de procesamiento y suministro a largo plazo.
Uno de los proyectos que despertaron interés europeo es desarrollado por Viridis Mining and Minerals, que planea construir una planta comercial con capacidad para producir 15.000 toneladas anuales de carbonato mixto de tierras raras a partir de 2028. La compañía mantuvo conversaciones con el grupo químico belga Solvay sobre un posible acuerdo de suministro y cooperación técnica.
Para la UE, Brasil podría ayudar a diversificar el acceso a minerales necesarios para la electrificación, las energías renovables y la infraestructura digital. Para Brasil, la participación europea puede aportar capital, tecnología industrial y clientes dispuestos a firmar contratos de suministro a largo plazo.
La implementación del acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur proporciona un marco adicional para desarrollar estas relaciones, aunque las asociaciones mineras dependerán de inversiones individuales, autorizaciones ambientales y contratos comerciales.
El desafío de capturar más valor
La ambición brasileña va más allá de aumentar la producción minera. El Gobierno busca proyectos capaces de fabricar materiales refinados, componentes para baterías e imanes permanentes, en lugar de exportar concentrados de menor valor.
La posición de China en el mercado demuestra la importancia de esa diferencia. Su influencia no se basa únicamente en el acceso a yacimientos, sino también en el control de la capacidad de refinado, separación y fabricación.
Las tierras raras, por ejemplo, deben atravesar procesos complejos antes de poder utilizarse en motores eléctricos, turbinas o sistemas de defensa. Desarrollar esas etapas exige tecnología especializada, suministros energéticos estables y clientes dispuestos a financiar plantas antes de que comience la producción.
Brasil necesita, por lo tanto, conectar su política minera con medidas industriales más amplias que involucren a instituciones de investigación, proveedores de equipos, compañías químicas y fabricantes.
El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social y la agencia de innovación Finep ya evaluaron planes de inversión relacionados con aluminio, cobalto, cobre, grafito, litio, manganeso, niobio, níquel, tierras raras, silicio, titanio, tungsteno, uranio, vanadio y zinc.
El financiamiento público puede reducir el riesgo durante las primeras etapas, pero la transición desde la exploración hasta la producción comercial todavía puede requerir varios años.
Las salvaguardas ambientales quedan bajo análisis
La expansión propuesta también generó preocupación entre organizaciones ambientales y comunidades ubicadas cerca de potenciales áreas mineras.
El Observatorio del Clima de Brasil advirtió que la necesidad de minerales para la transición energética no debería utilizarse para debilitar las licencias ambientales ni los derechos de las poblaciones afectadas.
Los proyectos de extracción y procesamiento pueden requerir grandes volúmenes de agua y energía, además de producir residuos que deben ser gestionados durante períodos prolongados. La ubicación de algunos depósitos cerca de ecosistemas sensibles aumenta la importancia de las evaluaciones ambientales, las consultas comunitarias y el monitoreo.
El Gobierno afronta el desafío de acelerar las inversiones sin generar la percepción de que el carácter estratégico permite eludir las protecciones existentes. La ausencia de salvaguardas creíbles podría retrasar permisos, provocar litigios y reducir el atractivo del suministro brasileño para clientes internacionales con requisitos de sostenibilidad.
Las reservas no garantizarán por sí solas el liderazgo
La legislación proporciona a Brasil su marco más amplio hasta ahora para gestionar los minerales críticos y estratégicos. Combina financiamiento público, incentivos industriales, objetivos de investigación y un mayor control de las inversiones extranjeras.
Su eficacia dependerá de la reglamentación posterior a la aprobación presidencial. Los inversores necesitarán claridad sobre qué minerales serán incluidos, cómo se seleccionarán los proyectos, cuándo estarán disponibles los beneficios fiscales y qué transacciones requerirán autorización gubernamental.
La posición geológica de Brasil ofrece una ventaja mientras gobiernos y empresas buscan diversificar sus cadenas de suministro. Sin embargo, el papel definitivo del país dependerá de su capacidad para construir plantas de procesamiento, desarrollar tecnología, completar infraestructuras y llevar los proyectos hasta la producción comercial.
El objetivo estratégico es claro: Brasil quiere utilizar la demanda mundial de minerales críticos para crear una industria nacional, en lugar de repetir un modelo basado principalmente en la exportación de materias primas.
Su éxito dependerá de equilibrar tres objetivos que no siempre avanzan en la misma dirección: atraer capital internacional, preservar el control nacional y cumplir los requisitos ambientales y sociales.



