Chile se posiciona como hub latinoamericano para pymes europeas en minerales críticos e infraestructura

Italia exportó bienes por casi €1.300 millones a Chile durante 2025 y ya es el sexto mayor inversor extranjero en el país, pero solamente representa alrededor del 2% del mercado chileno de importaciones. Las nuevas reglas comerciales con la Unión Europea, una agenda favorable a la inversión y los grandes proyectos de minería, energía, transporte y tecnología industrial están abriendo una puerta más amplia para las pymes europeas.

28 de agosto de 2026
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Chile se posiciona como hub latinoamericano para pymes europeas en minerales críticos e infraestructura

Chile busca consolidar su posición como plataforma empresarial para las pequeñas y medianas compañías europeas interesadas en América Latina, combinando estabilidad económica, apertura comercial y una creciente demanda de tecnologías vinculadas con la minería, la infraestructura, las energías renovables y la fabricación avanzada.

La oportunidad resulta especialmente significativa para las empresas italianas. Chile es el principal destino latinoamericano de la inversión extranjera directa procedente de Italia, mientras que el país europeo ocupa el sexto lugar entre los inversores extranjeros en territorio chileno. Sin embargo, los proveedores italianos todavía poseen una participación relativamente pequeña dentro del mercado.

Según las cifras citadas por la Cámara de Comercio Italiana en Chile, Italia fue el noveno proveedor del país sudamericano durante 2025, con exportaciones cercanas a €1.300 millones. Su participación se mantuvo próxima al 2%, muy lejos del 32,7% correspondiente a China y del 17% de Estados Unidos.

Esa diferencia refleja tanto la intensidad de la competencia como el espacio disponible para crecer.

Las empresas italianas poseen una reputación consolidada en maquinaria industrial, ingeniería mecánica, productos químicos, materiales para la construcción, equipamiento de transporte y servicios especializados. Estas capacidades coinciden cada vez más con las necesidades chilenas de modernizar la minería, construir infraestructuras, mejorar la gestión del agua y los residuos y desarrollar cadenas productivas locales más sofisticadas.

Luciano Marocchino, presidente de la Cámara de Comercio Italiana en Chile, considera que el período actual resulta especialmente favorable para las compañías dispuestas a comprometerse con el mercado a largo plazo.

El gobierno del presidente José Antonio Kast, que asumió en marzo de 2026, colocó a la inversión privada, el empleo y la agilización de los permisos en el centro de su programa económico.

Su proyecto de reconstrucción y desarrollo propone reducir gradualmente el impuesto corporativo desde el 27% hasta el 23% en 2029, introducir incentivos para el empleo formal, proporcionar una mayor estabilidad tributaria a las grandes inversiones y simplificar los procedimientos administrativos.

La mayor parte de la reforma avanzó en la Cámara de Diputados, pero algunos componentes todavía permanecen sujetos al debate legislativo, constitucional y político. Las empresas europeas deben, por lo tanto, diferenciar las medidas que ya se encuentran vigentes de los incentivos que todavía necesitan una aprobación definitiva.

La ventaja más inmediata procede del Acuerdo Comercial Interino entre la Unión Europea y Chile, que entró en vigor el 1 de febrero de 2025.

El acuerdo elimina los aranceles sobre el 99,9% de las exportaciones de la Unión Europea, simplifica las reglas de origen y mejora las condiciones para que las compañías europeas puedan prestar servicios y establecer operaciones en Chile. También incorpora disposiciones específicas sobre energía y materias primas destinadas a impulsar cadenas de suministro más confiables y sostenibles para el litio, el cobre y el hidrógeno verde.

Para las pymes europeas, este marco reduce algunas de las barreras tradicionales de ingreso a un mercado lejano. No elimina los costos logísticos ni la necesidad de conocer el territorio, pero convierte a Chile en una de las economías regionales más accesibles desde el punto de vista regulatorio y comercial.

La Comisión Europea estima que el acuerdo modernizado podría incrementar eventualmente las exportaciones comunitarias hacia Chile en aproximadamente €4.500 millones.

El valor estratégico de la relación excede ampliamente al comercio convencional.

Chile es el principal productor mundial de cobre y una de las mayores fuentes globales de litio, dos materiales fundamentales para las redes eléctricas, los vehículos eléctricos, las baterías y los sistemas de energías renovables. El país también está explorando oportunidades en tierras raras y otros minerales utilizados por las industrias electrónica, aeroespacial y de defensa.

El litio está clasificado como mineral crítico, aunque técnicamente no pertenece al grupo de las tierras raras. El potencial chileno en tierras raras propiamente dichas puede observarse en el Módulo Penco, situado en la región del Biobío y autorizado ambientalmente en junio de 2026.

El proyecto fue diseñado para producir un promedio anual de aproximadamente 811 toneladas de óxidos de tierras raras y prevé comenzar sus operaciones en 2027. Su desarrollo puede generar demanda de equipos de extracción, sistemas de gestión hídrica, automatización, vigilancia ambiental e ingeniería especializada.

Para Europa, estos recursos se convirtieron en una cuestión de seguridad industrial. El objetivo no consiste únicamente en importar más materias primas, sino también en reducir una dependencia excesiva de proveedores globales muy concentrados y construir cadenas de valor más trazables, sostenibles y diversificadas.

Esa necesidad abre oportunidades para los fabricantes europeos capaces de proporcionar las tecnologías que rodean a la extracción: bombas, compresores, válvulas, software industrial, sensores, equipos de procesamiento, sistemas de reciclaje, componentes eléctricos y soluciones destinadas a reducir el consumo de agua y energía.

El grupo energético italiano Eni ya tomó una posición directa dentro de esta cadena de suministro mediante un acuerdo para adquirir el 25% de Black Giant, la filial chilena de la empresa tecnológica estadounidense EnergyX.

Black Giant desarrolla un proyecto de litio cerca del Salar de Punta Negra, en el norte de Chile, mediante tecnología de extracción directa. El método busca recuperar el mineral a través de un sistema de circuito cerrado y reducir el consumo de agua frente a las tradicionales piscinas de evaporación.

El desarrollo contempla inversiones escalonadas estimadas en aproximadamente €193 millones. La producción debería comenzar con 7.500 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente en 2028 y alcanzar finalmente 52.500 toneladas desde 2030.

El acuerdo también otorga a Eni el derecho de adquirir hasta el 25% de la producción para abastecer una futura fábrica de baterías estacionarias en Brindisi, en el sur de Italia. La operación conecta directamente los recursos minerales chilenos con una instalación industrial europea y muestra cómo la inversión bilateral puede extenderse a través de toda la cadena de valor.

Enel representa otra de las mayores presencias italianas mediante Enel Chile, una de las principales compañías locales de generación, distribución y comercialización de electricidad.

El ecosistema empresarial también incluye a Ferrero a través de su filial agrícola AgriChile, la especialista en refrigeración Epta, la aseguradora Reale Seguros, el fabricante de materiales para la construcción Mapei y el grupo logístico Savino Del Bene.

En total, aproximadamente 274 empresas italianas operan en Chile mediante filiales productivas o comerciales. Cerca de 180 forman parte de la Cámara de Comercio Italiana. En conjunto, estas compañías generan ingresos anuales estimados en €6.600 millones y emplean a alrededor de 15.900 personas.

Las cifras demuestran que la presencia italiana ya es considerable, aunque permanece concentrada en una cantidad limitada de grupos consolidados. La próxima etapa de la relación puede incluir a fabricantes y proveedores de servicios más pequeños que ingresen como suministradores, socios de empresas conjuntas o subcontratistas.

La infraestructura ofrece una de las rutas más claras para acceder al mercado.

El programa chileno de concesiones para el período 2024–2028 identificó 43 proyectos por un valor conjunto aproximado de €15.100 millones, incluyendo carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos, hospitales, infraestructuras hídricas e instalaciones energéticas.

Esos proyectos requieren mucho más que grandes constructoras. También generan demanda de consultoras de ingeniería, componentes industriales, sistemas eléctricos, vigilancia digital, materiales, tecnologías para el tratamiento de residuos, logística y mantenimiento, áreas en las que las pymes europeas pueden competir mediante su especialización y no solamente por su escala.

La reactivación de la integración minera con Argentina podría reforzar todavía más el papel chileno como plataforma regional.

En agosto de 2026, ambos países avanzaron con los protocolos correspondientes a tres proyectos de cobre transfronterizos: Vicuña, NexoAndino y Filo Sur. El marco podría movilizar inversiones estimadas en aproximadamente €17.800 millones y añadir 540.000 toneladas a la producción anual de cobre.

El acuerdo permite que las operaciones mineras situadas en las provincias andinas argentinas utilicen los puertos, las redes energéticas y la infraestructura de transporte de Chile. Para los proveedores, esto significa que una base chilena podría proporcionar acceso a proyectos desarrollados a ambos lados de la cordillera.

La oportunidad comercial exige, sin embargo, una estrategia realista.

Chile no puede ser tratado solamente como un destino para exportaciones ocasionales. Los clientes industriales esperan atención posventa, disponibilidad de repuestos, asistencia técnica y capacidad para responder rápidamente ante una falla. La distancia con Europa hace que la planificación de inventarios y la capacidad local de servicio resulten especialmente importantes.

Las pymes que ingresen al mercado pueden necesitar un distribuidor chileno, un socio comercial o una filial local. Participar en licitaciones públicas y grandes contratos mineros también exige conocer los requisitos de certificación, los mecanismos de financiación, las normas ambientales y los procedimientos de contratación.

Competir exclusivamente por precio continúa siendo difícil, especialmente en los bienes de consumo de gama media y los productos industriales estandarizados. Los proveedores chinos se benefician de su escala y de extensas redes comerciales, mientras que las compañías estadounidenses conservan ventajas geográficas y financieras.

Las empresas europeas poseen mayores posibilidades de éxito en aquellos segmentos donde la confiabilidad, la eficiencia, la calidad de la ingeniería, el desempeño ambiental y los costos operativos de largo plazo pesan más que el precio inicial.

Las consideraciones ambientales y sociales tienen la misma relevancia. Los proyectos mineros chilenos afrontan un escrutinio creciente por el uso del agua, la biodiversidad, los derechos indígenas y la relación con las comunidades próximas. Los proveedores capaces de reducir emisiones, recuperar materiales o mejorar la eficiencia de los recursos pueden obtener, por lo tanto, una posición competitiva más fuerte.

El atractivo de Chile como hub se apoya finalmente en una combinación de factores: continuidad institucional, una amplia red de acuerdos comerciales, acceso a minerales críticos, grandes carteras de inversión y una cultura empresarial familiarizada con las compañías internacionales.

No constituye una puerta automática hacia todos los mercados latinoamericanos, ya que cada uno mantiene sus propias regulaciones y condiciones comerciales. Sin embargo, Chile puede funcionar como una base estable desde la cual las empresas europeas desarrollen experiencia regional, alianzas y capacidades técnicas.

La distancia entre los €6.600 millones generados por las empresas italianas y su modesta participación del 2% en las importaciones chilenas muestra cuánto potencial continúa sin ser aprovechado.

Para las pymes europeas, la oportunidad más prometedora no consiste solamente en vender más productos a Chile. Se encuentra en integrarse al sistema industrial que está creciendo alrededor de sus minas, redes energéticas, corredores de transporte, ciudades y nuevas cadenas de valor de minerales críticos.

Si esas empresas están dispuestas a invertir en relaciones locales y permanecer a largo plazo, Chile puede convertirse en uno de los puentes empresariales más importantes entre Europa y América Latina.

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