Monopulse obtiene más de €2 millones para impulsar drones resistentes a la guerra electrónica en la OTAN
La danesa-lituana Monopulse capta más de €2 millones para ampliar la producción y desarrollo de drones resistentes a la guerra electrónica, reforzando la capacidad defensiva de la OTAN.

Monopulse, desarrollador danés-lituano de drones de reconocimiento avanzados, ha recaudado más de €2 millones para ampliar su producción e investigación en UAVs resistentes a la guerra electrónica, según informaron la empresa y sus inversionistas.
La ronda de financiación contó con la participación de Coinvest Capital, Plug and Play y NGL Ventures. Esta última aportó €560,000 a través de un sindicato de 68 inversores ángeles, el mayor organizado por el grupo hasta la fecha.
Fundada en 2021, Monopulse suministra drones a fuerzas armadas de la OTAN, con contratos vigentes con los ejércitos de Lituania y Dinamarca. El nuevo capital permitirá a la firma expandirse a otros mercados de la alianza, potenciar su capacidad de producción y acelerar la I+D de sistemas capaces de operar en entornos electromagnéticos hostiles.
Para la OTAN, disponer de drones resistentes a interferencias electrónicas es una prioridad creciente. El uso sistemático de guerra electrónica por parte de Rusia en Ucrania ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los UAV tradicionales ante la manipulación de señales. El enfoque de Monopulse en la resiliencia tecnológica puede aportar una ventaja táctica a los miembros que buscan modernizar sus capacidades de reconocimiento y vigilancia.
El aumento de fondos refleja también el interés de los inversores en startups europeas de tecnología militar. El respaldo de grupos de capital riesgo locales e internacionales apunta a la confianza en el potencial del sector, en un contexto de incremento del gasto en sistemas no tripulados y digitales resistentes.
No obstante, la dependencia de Monopulse de los contratos con la OTAN y la posible competencia de grandes fabricantes de drones representan riesgos para su negocio. Su capacidad para escalar la producción y cumplir los objetivos de I+D será clave, tanto para los responsables políticos como para la industria, en un mercado europeo de defensa en transformación.



