Esbjerg impulsa la calefacción urbana con agua de mar mientras Estocolmo y Mónaco avanzan en sostenibilidad

Esbjerg, Dinamarca, impulsa la calefacción urbana con agua de mar fría, un modelo que también exploran Estocolmo y Mónaco.

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Esbjerg impulsa la calefacción urbana con agua de mar mientras Estocolmo y Mónaco avanzan en sostenibilidad

Esbjerg, en Dinamarca, ha puesto en marcha uno de los mayores sistemas de calefacción urbana con agua de mar de Europa, utilizando grandes bombas de calor eléctricas para suministrar calor de alta temperatura y avanzar en la sustitución del carbón. El proyecto, operativo desde finales de 2024, sirve de referencia para otras ciudades costeras como Estocolmo y Mónaco, que analizan esta solución sostenible para la calefacción urbana.

En las pruebas invernales, el sistema de Esbjerg captó agua de mar a 3,3 °C y la devolvió al mar a 1,2 °C. Dos bombas de calor industriales consumieron 19,9 MW de electricidad para entregar 55,2 MW de calor a una temperatura de 90 °C para la red de calefacción. Esto resultó en un coeficiente de rendimiento (COP) de 2,8, es decir, casi tres unidades de calor por cada unidad de electricidad consumida.

Con un precio de la electricidad de 100 €/MWh, el coste del calor útil se calculó en 36 €/MWh, lo que sitúa la calefacción urbana con agua de mar como una opción competitiva y sostenible para ciudades que buscan descarbonizarse. La instalación tiene una capacidad nominal de 70 MW, lo que apoya la transición de Esbjerg lejos del carbón.

Esta iniciativa tiene repercusiones para las políticas energéticas de Europa y América Latina, donde muchas ciudades estudian la calefacción urbana como estrategia para reducir emisiones y costes. El ejemplo de Esbjerg demuestra la viabilidad operativa de utilizar agua de mar fría para suministrar calor de alta temperatura, y su experiencia ya influye en proyectos similares en Estocolmo y Mónaco, que avanzan en sus propias soluciones de calefacción con agua de mar.

Sin embargo, la expansión de estos sistemas enfrenta desafíos como la corrosión y el ensuciamiento biológico de los equipos marinos, así como posibles impactos ambientales por el vertido de agua más fría en las zonas costeras. Los altos costes iniciales de infraestructura en regiones sin redes de calefacción existentes también siguen siendo una barrera.

A pesar de estos retos, el proyecto de Esbjerg pone de relieve oportunidades para el almacenamiento de agua caliente, la optimización del consumo energético y el aumento de inversiones en calefacción renovable. Conforme otras ciudades buscan replicar el modelo, los datos de desempeño a largo plazo y las evaluaciones medioambientales serán clave para escalar la tecnología en Europa y otras regiones.

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