Guyana Bajo la Lupa por la Distribución de Sus Crecientes Ingresos Petroleros
El auge petrolero de Guyana ha generado un crecimiento récord, pero la rápida transformación del país intensifica el debate sobre el reparto y la gestión de los beneficios.

Guyana se ha convertido en una de las economías de más rápido crecimiento del mundo gracias a la expansión de su industria petrolera costa afuera, pero la distribución de esta nueva riqueza genera controversia entre autoridades, economistas y comunidades locales.
El petróleo fue descubierto por primera vez en el Bloque Stabroek en 2015, y la producción comenzó en diciembre de 2019. Desde entonces, la extracción supera los 900,000 barriles diarios (bpd) y se prevé que supere el millón de bpd a finales de 2024. Según estimaciones del sector, los ingresos petroleros podrían alcanzar los $6,500 millones en 2026, mientras que el Fondo de Recursos Naturales—el fondo soberano nacional—superaría los $3,100 millones a finales de 2024.
Esta bonanza ha generado resultados económicos extraordinarios. El PIB de Guyana creció 63.3% en 2022, 33.8% en 2023 y se proyecta que aumente 43.6% en 2024 y 20.8% en 2026. El gobierno, encabezado por el ministro de Recursos Naturales Vickram Bharrat, apunta a elevar la producción a 1.3 millones de bpd en 2027 y 1.7 millones en 2030.
La inversión extranjera, especialmente de ExxonMobil, ha sido determinante. Las empresas locales recibieron cerca de $3,600 millones entre 2019 y 2025, y el proyecto Uaru, valorado en $12,700 millones, impulsará aún más la producción. El gobierno también ha destinado $100 millones para formación laboral y salud, y prevé construir 40,000 viviendas en cinco años.
Sin embargo, persisten dudas sobre el reparto justo de las ganancias y la gestión de los ingresos petroleros. Economistas como Richard Rambarran y Thomas Singh advierten que las brechas de infraestructura y el nivel de vida no han mejorado para toda la población, pese al aumento de la riqueza agregada. El empresario Gerry Gouveia Jr. señala que el rápido crecimiento podría profundizar la desigualdad si no existe un control efectivo.
La corrupción y la transparencia son riesgos clave. El volumen de ingresos que llega al Estado ha impulsado pedidos de mayor fiscalización del Fondo de Recursos Naturales y la necesidad de mecanismos claros para que la riqueza petrolera beneficie al conjunto de la sociedad. Las comparaciones con modelos de Noruega y Brasil han reavivado el debate, mientras las autoridades buscan evitar errores de otros países ricos en recursos.
Los desafíos son relevantes para inversores y sectores locales como la construcción, la logística y los servicios financieros, que se han beneficiado del auge. Sin embargo, la estabilidad de largo plazo dependerá de la capacidad estatal para gestionar los ingresos y responder a las demandas sociales. Un fracaso en este sentido podría afectar la confianza inversora y la sostenibilidad del crecimiento.
A medida que Guyana se acerca al estatus de economía de altos ingresos, el debate sobre el reparto petrolero marcará su rumbo económico y político en los próximos años.



